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jueves, 31 de julio de 2008

CuEnTaCuEnToS: Íbamos caminando la muerte, tú y yo

Íbamos caminando la muerte, tú y yo.

Muerte - Hay que ver que aquí nunca hace frío ni calor
- Uf, pues menos mal porque sino estaríamos helados o sudando
Yo - Hay que ver Muerte que siempre te estás quejando
Muerte - ¿Quejando? ¿Yo?
Yo - Sí, tú, todo el día poniéndole quejas a todo, cuando tenías que estar agradecida por tener un sitio donde vivir
- Bueno, eso es discutible...
Yo - ¿Ahora te pones tiquismiqui tu? Pues si que...
Muerte - Bueno, bueno, tengamos el día en paz
Yo - Mira quien fue a hablar...
- Oye una curiosidad, ¿puedo preguntarte algo? ¿Los ángeles meáis?
Yo - Siempre con la misma preguntita oye
Muerte - Hombre pues mira esa si que es una buena pregunta, es que con eso de que no tenéis sexo definido...
Yo - ¡Dios mio lo que tengo que aguantar!
Dios - ¿Qué pasa por ahí?
- El que faltaba...
Muerte - Nada, nada, que el ángel no nos quiere contestar a una duda existencial que tenemos sobre...
Yo - Nada, nada, las dudas se mandan por correo y si eso ya las contestaré
Dios - ¿No deberíais de estar trabajando ya?
- Si, si, ya nos despedíamos, ¿ves lo que has conseguido?
Yo - ¿Te recuerdo quién preguntó?
- ¿Intentas poner mirada asesina? Porque la verdad es que no te sale
Yo - Claro que me sale pero como llevas unas gafas de culo de vaso no ves nada
- ¿Gafas de culo de vaso? No me calientes...
Yo - Uh... que miedo el Tiempo se calienta, el Tiempo se calienta, ¿lo has oído Muerte?
Muerte - Lo que yo creo es que deberíamos dejar la charla para otro día e ir a trabajar ya que luego el jefe se nos enfada y no quiero ni pensar lo que nos hará esta vez, así que yo me voy, que me espera una noche movidita, ya os cuento mañana cuantos han caído, ¡nos vemos!
- ¡Adiós, que tengas buena noche!
Yo - ¡Adiós y no te cargues a ninguno de los míos!
Muerte - Eso nunca lo sé, me llegan los envíos según los voy haciendo, pero lo intentaré
Yo - Bueno, yo voy a ir marchándome también que Mariela tiene que estar a punto de acostarse y tengo que vigilar sus sueños, nos vemos
- Vale, yo retraso el tiempo hasta que llegues para que no se duerma antes
Yo - Vale, gracias, que el otro día llegué y estaba ya dormida y se habían colado en la habitación diablillos de todos los colores y tuve que pasarme la mitad de la noche tirándolos por la ventana, menudo trabajo me dieron
- Seguro que hoy llegas bien, incluso con adelanto
Yo - Gracias, nos vemos

En la habitación de Mariela.

Mamá - Es tarde, tienes que dormir que mañana hay que madrugar
Mariela - Es que no estoy cansada mamá, de verdad, déjame quedarme un ratito más con vosotros
Mamá - Sabes que eso no puede ser, es tarde y tienes que acostarte
Mariela - Que rollo, yo no quiero dormir, yo quiero jugar
Mamá - Ya jugarás mañana, ahora hay que dormir
Mariela - Bueno, pero tienes que prometerme que mañana me llevarás al parque
Mamá - Ya veremos, ahora a dormir
Mariela - ¿Y si hay algún monstruo debajo de la cama o en el armario?
Mamá - Pues entonces tu Ángel de la Guarda te protegerá de ellos, venga, a dormir y soñar cosas bonitas
Mariela - Hasta mañana mamá
Mamá - Hasta mañana pequeña

En la misma habitación unas horas más tarde.

Yo - Hay que ver lo que le cuesta dormirse a esta criatura, todas las noches tengo que esmerarme en hacer el menos ruido posible espantando a los diablillos estos que se cuelan por todos lados para que no se entere, mira que carilla, tiene que ser de mala... ¿Qué ha sido ese ruido?
- ¡Ei! ¡que soy yo! ¿no me irás a tirar por la ventana no?
Yo - Pues mira ya la tenía abierta y todo, ¿qué haces tu aquí a estas horas?
- Pues me aburría bastante, ¿Cómo va la noche?
Yo - No me hables, no me hables que estoy hasta las narices de los diablillos estos que se cuelan por todos lados, no doy a basto a tirarlos por la ventana
- Si quieres te ayudo
Yo - Bueno, podías parar el tiempo cuando vea uno y así no tener que ir buscándolo luego por todos los escondrijos de la habitación
- ¡Vale! pero no puedo hacerlo mucho que luego el jefe me regaña, así que cuando veas a varios me lo dices y me paro ¿vale?
Yo - ¡De acuerdo! oye ¿que es ese ruido? ¿Muerte? ¿Qué haces tú aquí también? ¡Bienvenida al club de los aburridos!
Muerte - ¿Aburrida? ¿yo? ¿Pero de qué estáis hablando? ¿Qué hacéis vosotros aquí?
Yo - Pues a ver pues yo trabajando y este pues que se aburría y viene a ayudarme con los diablillos estos que no paran de salir por todos lados ¡Un día se me van a cruzar las alas y los voy a mandar a todos a tomar el viento fresco!
- Tranquila... que ya te ayudo, a ver, coge a todos esos que no se van a mover
Yo - Gracias, oye Muerte tú ya podías ayudarme a matarlos que yo los tengo que tirar por la ventana y al poco vuelven a entrar
Muerte - Yo... es que... verás... tengo que trabajar...
Yo - Pues ala, vete y trabaja que nosotros estamos atareados con los bichos estos, un día tengo que hablar con el jefe a ver si habla con el Diablo y le dice que no mande a tantos diablillos que me hacen la vida imposible, si es que tengo que pedir un aumento de sueldo, con todo lo que trabajo y ni un día libre a la semana y para colmo no tengo vacaciones tampoco ¿Vosotros creéis que esto es vida?
Muerte - Verás... es que he venido a trabajar aquí
Yo - ¿Aquí? pues poco trabajo vas a tener, la nena duerme desde hace rato asi que no vas a... Un momento... ¿A trabajar aquí?
Muerte - Sí...
Yo - ¿A la niña?...
Muerte - Sí...
Yo - ¿Pero qué ha podido hacer de malo este pobre angelito?
Muerte - Yo no decido...
- Quizá es que le llegó su hora, simplemente
Yo - ¿Pero como puedes decir eso, deslamado? ¿Y no se puede hacer nada?
Muerte - Me temo que no
Yo - ¿Tú no puedes parar el tiempo?
- Eso solo prolongaría su agonía, además no puedo para el tiempo eternamente...
Yo - No sirves para nada, ni siquiera para ayudar a los demás...
Muerte - No te lo tomes a mal Tiempo, que lo dice sin querer... Ángel debo hacerlo ya... Hay más personas esperando
Yo - ¡Esto es injusto!
- Eso es porque te has encariñado demasiado con esa cría, recuerdo que al último no le tenías el mismo cariño...
Yo - ¡Como para tenérselo! Era un asesino a sueldo que no tenía piedad por la vida de los demás, estaba deseando que viniera Muerte a llevárselo pero nunca venía, menos mal que me relevaron del cargo porque sino me hubiera llenado de rabia... ¿Cómo vas a matarla?
Muerte - ...
Yo - ¿Hola? ¿Contestas o qué?
Muerte - No seré yo quien la mate...

En el periódico la mañana siguiente

Titular: El asesino de la perla ataca de nuevo
Abstract: Hallada una niña muerta presuntamente asesinada mientras dormía. La policía encuentra una perla en la cavidad de uno de sus ojos. Nada se sabe del paradero de su asesino. La familia está a la espera de que se encuentre al culpable y se haga justicia.






lunes, 14 de julio de 2008

CuEnTaCuEnToS: Una canción una historia....

"Querida Marta:

Nunca supe como empezar a escribir esta carta, en verdad tampoco sé porque lo estoy haciendo ahora, quizá porque mi corazón, este que se desnuda ante ti, este que se volvió loco desde que te fuiste, este pobre corazón que no deja de llamarte, que no deja de imaginarte, que no deja de esperarte, hoy me dijo que era el momento de hacerlo.

Nos conocimos apenas aquella tarde en la playa. Yo había capturado un pez, uno de aquellos que te gustaban tanto y que ya no consigo recordar su nombre. Te acercaste y al verlo tus ojos se iluminaron, nunca había visto unos ojos tan hermosos como los tuyos, tan grandes, tan perfectos. Me preguntaste que pensaba hacer con aquel pececillo. En principio mi intención era comerlo pero si te lo decía muy probablemente no volvería a verte, así que te dije que no tenía pensado nada en especial para aquel animalito. Lo cogiste suavemente entre tus manos, como si estuvieras acariciando una nube, y lo metiste en un cubo con agua fresca. En aquel momento hubese cambiado mi vida por la de aquel pez que estaba en tus manos, veía como el pobre animal se retorcía y yo le envidiaba porque había conseguido llamar tu atención, porque estaba entre tus manos, porque le estabas salvando la vida como yo quería que salvaras la mia. Me dijiste si podías llevartelo y no pude negarte nada.

Lo ultimo que recuerdo haberte dicho fue un pequeño adiós que casi no pudo oírse entre el ruido de las olas del mar. Desde aquel día no he podido olvidarte, no he podido dejar de pensar en ti ni un solo instante. ¿Sabes? A veces vuelvo a las orillas de aquella playa que nos unió y pienso en aquel pez, en como estará tranquilamente nadando en una cálida y hermosa pecera, como lo tratarás con mimo y cariño, como tus manos recorrerán su cuerpo escamado cuando lo acaricies. A veces, muchas veces, me encantaría ser yo el pez que nadara en tu pecera, aquel que tocaras con tus suaves manos, aquel que te observara bajo el agua, aquel que te demostrara cariño con cada aletazo.

Se que pensarás que estoy loco, y en verdad lo estoy, loco por ti, por volver a verte bajo la luz de la luna, por hacerte mía con cada beso, con cada mirada, con cada palabra. Nunca volvimos a coincidir, aunque yo no renuncio a que algún día volvamos a hacerlo, por eso no dejo nunca de venir a nuestra playa, para recordar tus ojos, aquellos ojos que me cautivaron nada más verte.

No se demasiado bien lo que pretendo con esta carta pero quizá necesitaba escribirla, para darme cuenta de que nunca volverás, de que nunca fui parte de tu vida y quizá tu solo fuiste un sueño, quizá las sirenas y los hombres estemos destinados a vivir separados eternamente.

Con todo mi cariño
Marcos"

Cogió el papel que estaba escrito, lo miró, lo enrolló y lo metió en una botella. Lo lanzó al mar lo más lejos que pudo y se sentó a esperar.


lunes, 30 de junio de 2008

CuEnTaCuEnToS: Ella tiene la piel del color de la tierra...

Ella tiene la piel del color de la tierra, cansada, harta, vuelve a casa después de un largo día de trabajo. Se sienta, le duelen los pies. En verdad lo que más le duele es el alma. Siente que no está haciendo las cosas bien, siente que le está fallando a mucha gente y lo peor es que siente que no puede dar más de si para que las cosas cambien y vuelvan otra vez a su cauce.

Respira. Quizá lo único bueno sea que todavía respira, eso y que está en casa, aunque esto último es bastante discutible si es bueno o no. Se descalza, esas chanclas la estaban matando. Tiene los pies ardiendo de lo mucho que ha caminado esa mañana. Lo malo es que no le ha servido de nada, como todo lo que hace últimamente, como todo lo que se propone, como todo lo que sueña. Sueños inalcanzables que se desvanecen como la niebla tras los primeros rayos de sol, propuestas que grita y sin saber muy bien como se las lleva el viento, lejos, donde ya nadie puede escucharlas, donde ya nadie se acuerda de ellas, donde ni ella misma recuerda si fueron pronunciadas por sus labios alguna vez.

Cierra los ojos y piensa. Las ideas viajan confusas de un lado hacia otro de su cabeza, tropezando unas con otras, vagando la mayoría en un mar de sentimientos. Intenta dejar la mente en blanco para que cese aquel molesto dolor de cabeza pero es inútil, como todo aquello que hace, como todo aquello que piensa. Rescata un pensamiento de aquel mar de dudas. Uno, al azar. De pronto se encuentra en una tarde de verano, sentada en un sofá. A su lado una gran amiga. En sus labios una frase 'Pase lo que pase siempre seremos amigas, nuestra amistad es más fuerte que cualquier otra cosa'. De todos los pensamientos tuvo que rescatar precisamente ese, aquel que más daño le hacía, quizá el que se le había quedado anclado como un barco viejo en aquel inmenso mar de sentimientos. Abrió los ojos para intentar borrar aquella imagen que aún seguía en su mente. Las cosas habían cambiado mucho desde aquella tarde de verano, e irremediablemente su amistad había quedado reducida a eso, recuerdos. Lo que más le dolía en el mundo era no poder coger el teléfono, como tantas otras veces lo había hecho y pasar un rato hablando con ella, contarle cosas, reír. Todavía podía sentir la sensación que le provocaba compartir aunque fueran unos minutos al teléfono con ella. Algo más de un año había pasado desde aquella tarde.

Un suspiro se escapó de sus labios. El dolor de cabeza seguía ahí, anclado como aquel barco viejo a el mar de sentimientos. El dolor de pies había disminuido pero el alma todavía le dolía.

lunes, 9 de junio de 2008

CuEnTaCuEnToS: La próxima vez que ponga la cinta descubrirá que a la mitad de la misma hay cinco minutos en blanco...

La próxima vez que ponga la cinta descubrirá que a la mitad de la misma hay cinco minutos en blanco. Lo primero que hará es extrañarse de que durante tanto tiempo no suene nada. Después rebobinará la cinta y subirá el volumen por si lo que estuviera grabado está demasiado bajo. Seguirá sin escuchar nada. Entonces cogerá la caja de la cinta para ver si en ella se dice que canción es la que falta, pero descubrirá que en ella no hay una lista de canciones, solo hay palabras sueltas que aparentemente no significan nada. Se sentará en el sofá confusa, pensativa, sin saber muy bien que hacer. Cerrará los ojos y suspirará. Al abrirlos descubrirá que tiene la caja de la cinta en la mano y que sigue sin escuchar nada. Clavará sus ojos en el radiocasete e intentará recordar el porqué, si es que lo tiene, de aquel silencio. Pasarán cinco minutos y tras ellos volverá a aparecer la música a todo volumen ya que se habrá olvidado bajarlo tras intentar ver si lo grabado estaba a un volumen demasiado bajo. Es estruendo la hará saltar del sofá a bajar la música. Parará la cinta. Rebobinará hasta dejarla en 6 minutos antes. Un minuto de música y nuevamente el silencio. Nuevamente una incógnita. Nuevamente mirará la caja, cerrará los ojos y dejará escapar un suspiro de sus labios. Estará segura de haber escuchado esa cinta miles de veces pero se sentirá incapaz de recordar el porqué de esos 5 minutos en blanco. Sentirá lo mismo que se siente cuando se piensa que se está obviando un detalle importante que es imposible de recordar pero que sin él parece no tener sentido nada de lo que esté sucediendo. Así será. No entenderá nada. Habrá olvidado, o quizá nunca supo, el porqué de aquel silencio. Será entonces cuando, sin saber tampoco como, suene el teléfono. Descolgará y se encontrará con que al otro lado hay una persona que dice conocerla pero que ella es incapaz de recordar quien es. Ella intentará convencerle o convencerse de que se ha equivocado de número. Entonces la otra persona le dirá que solo llamaba porque sabía que había olvidado el porqué de los cinco minutos en blanco de su cinta favorita. En ese momento ella notará una sensación de ahogo en su pecho, esa sensación que se siente cuando la vida está pasando por delante y ni siquiera eres capaz de sentirla. El teléfono caerá de sus manos como si fuera el más pesado de los objetos y sus manos meras hojas que se rompen al más mínimo doblez. Será entonces cuando lo recuerde. Cuando sus recuerdos vuelvan al presente, tan nítidos y tan vivos como antaño. Pero ya será demasiado tarde. Recordará que hizo un pacto, un pacto en el cual empeñaba su alma. Recordará que prometió no olvidar nunca y sabrá que lo había olvidado. Y en cuestión de segundos todo su cuerpo empezará a temblar. Su pelo se volverá canoso y sus manos arrugadas. Notará que le fallan las fuerzas, esas fuerzas que apenas seguían con ella. Sentirá en su pecho un fuego no comparable con nada que hubiera vivido hasta entonces y en aquel momento ocurrirá. Se cumplirá su castigo por faltar al pacto, por olvidar.

Cuando llegue la policía encontrarán un cuerpo arrugado y senil arrodillado en el suelo, sin signos de violencia, el teléfono descolgado aunque sin interlocutor al otro lado. Registrarán la casa aunque no encontrarán nada que les haga sospechar de que el crimen fue cometido por un robo, en verdad nada les hará sospechar que fuese un crimen. Alguien reparará en el radiocasete que permanecerá todavía encendido. Una cinta. Pobre vieja, escuchaba música, pensarán, nadie reparará en escuchar la cinta, aunque en verdad, si lo hicieran, descubrirían que es una cinta de música totalmente normal.


sábado, 7 de junio de 2008

CuEnTaCuEnToS: Quedan tres minutos y medio para ahogar el silencio...

Quedan tres minutos y medio para ahogar el silencio. Solo tres minutos y medio. ¿Solo? Vamos no nos engañemos. Tres minutos y medio es mucho tiempo. Y poco tiempo. Mucho tiempo comparado con el latido de un corazón. Al silencio le quedan 270 latidos a paso lento. Poco tiempo comparado con la historia del hombre. Al silencio le quedan 2,8 x 10 elevado a -14 instantes. En verdad poco importa. El silencio se ahoga.

Quedan algo más de tres minutos para ahogar el silencio. En algo más de tres minutos puedes decir 60 veces Te Quiero. Puedes dar más de 50 golpes a un cuerpo dolorido. Puedes golpear un alma millones de veces. Puedes ser feliz una o infinitas veces. Pero eso en este momento no es relevante. El silencio se ahoga.

Quedan algo más de dos minutos y medio para ahogar el silencio. Demasiado tiempo si escuchas una canción que no te gusta. Poco tiempo si te paras a mirar a través de tu ventana un día soleado. Poco tiempo si necesitas llegar a tiempo a cualquier sitio. Quizá demasiado si estás viendo como tu vida se va y no puedes hacer nada por retenerla junto a ti. Escucha. El silencio se ahoga.

Quedan algo más de dos minutos para ahogar el silencio. ¿Qué eran dos minutos cuando eras un niño? ¿El tiempo que se tardaba en correr detrás del balón en el centro del campo y meter un gol? ¿El tiempo que tardaban las agujas del reloj en dar las en punto para que sonara la campana y poder salir corriendo del colegio? A veces es mucho, a veces es poco. En este caso ya poco importa. El silencio se ahoga.

Un minuto y medio. El tiempo que tardan en descolgar el teléfono al otro lado. Tu anuncio favorito, ese que esperas ver durante todo el día y después parece un suspiro. En un minuto y medio puedes decir 30 veces lo siento, 22 veces felicidades y desde 90 a 1 vez la palabra gol, dependiendo de como de larga hagas la O. Demasiado a menudo las palabras son superfluas. Ahora también. El silencio se ahoga.

Apenas queda un minuto para ahogar el silencio. 20 suspiros, 15 bostezos y con suerte un abrazo de los buenos. Una lectura apasionante que te ponga los pelos de punta o un simple vistazo al crucigrama del periódico. Todo tiempo es relativo. Como este relato. Podrá ser entendido mejor o peor, podrá llegar más o menos hondo dentro de ti, pero será eso, aproximadamente tres minutos y medio... de mi vida y de la tuya.

(Silencio...)


miércoles, 9 de abril de 2008

CuEnTaCuEnToS

Tiempo, teteras y recuerdos

Al final, se rompió la tetera, ya sabes, la que había en la casa del monte que siempre visitábamos cuando estábamos en el pueblo, pues esa, al final acabó rompiéndose, pero no de las cientos de veces que la rozábamos cuando estábamos jugando en la casa, no de las otras tantas veces que la mirábamos con odio porque siempre estaba en medio, estorbando, no, se rompió porque el viento la hizo caer al suelo, un viento que soplaba muy fuerte aquel día, un viento que consiguió romper la ventana que durante tanto tiempo había estado cerrada para que nada pudiese molestar en aquella casa, nuestra casa de travesuras, un viento que como un vendaval se coló entre aquellas paredes y empezó a destrozar todo lo que se encontraba a su paso empezando por las delicadas cortinas que revestían aquella ventana, que la hacían única, siguió su rumbo hacia la gran mesa que presidía la sala central y derrumbó sus sillas frágiles por el paso de los años y por el paso de ciertos molestos habitantes que habían comido sus entrañas dejando un camino marcado de serrín a su paso, tras las sillas perecieron también los débiles candelabros, y como no, la tetera, ella que siempre conseguía sobrevivir a nuestras locuras, ella que siempre estaba ahí para recordarnos que el tiempo pasa pero hay cosas que sobreviven a su paso.
Al final ella no pudo sobrevivir más tiempo y sucumbió al viento, ese viento que soplaba con fuerza aquella tarde, ese viento que entró sin ser llamado, ese viento que lo destrozó todo a su paso. Días más tarde fui a la casa para ver como había quedado y vi la tetera rota en el suelo. En un principio me alegré de que por fin algo hubiese podido acabar con ella, pero luego una sombra de tristeza apareció en mi rostro, quizá en el fondo no deseara que se rompiera, fueron tantos los momentos que ambas compartimos con aquella tetera que en el fondo significaba demasiado para mi como para que no me apenara verla allí rota. Me acerqué despreocupándome de todo lo demás que andaba revuelto. Al hacerlo noté que había algo que rodeaba a aquella tetera, me pregunté si podía ser posible que contuviera algo después de tanto tiempo. En verdad nosotras nunca nos fijamos si contenía algo o no, solo jugábamos, solo compartíamos las tardes, solo veíamos la vida pasar. Me agaché para comprobar que era aquello que contenía. Sinceramente no esperaba encontrar gran cosa ¿qué se podía esperar encontrar dentro de una tetera en una casa abandonada? ¿algo de té con pastas? Evidentemente no erré mucho en mi suposición. Un polvo más o menos brillante acompañaba en el suelo a los trozos que quedaban de la tetera.
Recogí mis cosas no sin antes echar un último vistazo a esa casa que tantas cosas buenas nos había deparado, tantos misterios, tantas tardes de juego, tantas confesiones entre sus paredes, tantos momentos inolvidables vividos gracias a ella. El viento había desaparecido cuando salí de la casa, me recordó una vez más a aquellas tardes que pasábamos juntas, a esos días de verano, a los abrazos, al sabor de los helados. Quizá hayas querido recordarme con esto que tu siempre ganabas, que eras como ese viento que sopla embravecido, ese mismo viento que rompió la tetera, que lo arrasó todo a su paso, quizá hayas querido hacerme ver que yo era como esa ventana, que cedió al paso del viento aunque quiso resistir con todas sus fuerzas, así era yo, siempre cedía ante tus cosas. Esta vez cedí, rompiste la ventana, entraste y arrasaste todo aquello que se cruzó en tu camino, como hacías siempre, hasta que la que se cruzó en tu camino fue la muerte. Quisiste arrasar también con ella pero en este caso fue ella la que arrasó contigo. Hoy quizá te recuerde con más fuerza que nunca, porque el viento rompió la tetera, porque volví por primera vez sin ti a la casa del monte, porque hoy me pregunto donde estás y si no habrás sido tú la que con tu fuerza rompiste aquella tetera que se cruzó en tu camino y se te resistió. Como siempre yo no pude impedírtelo. Pero,¿ sabes? te echo de menos. No lo supe hasta que vi aquella tetera en el suelo, rota en mil pedazos, no lo supe hasta que me acerqué y vi que contenía algo, no lo supe hasta que recordé una tarde de verano que juramos ser amigas para siempre, cogimos unas flores en el campo, cogimos un trozo de tela de cada uno de los vestidos que llevábamos en ese momento e hicimos un pacto de amistad. Como no teníamos donde guardar las cosas decidimos ponerlas en la tetera, que en tantas aventuras nos había acompañado.Allí estaban sus restos y los restos de nuestro pacto.

domingo, 10 de febrero de 2008

CuEnTaCuEnToS... de todo un poco ;)

- Todo sucedió en un minuto, de repente me di cuenta de que me había tragado una canción.
- ¿Pero como va a ser eso?
- Te lo juro, es que no me di ni cuenta, estaba cantando y de repente me la había tragado y me estaba ahogando.
- ¿Cómo que te estabas ahogando?
- A ver, claro, que la canción era tan grande que se me había quedado en la garganta y no iba ni hacia arriba ni hacia abajo, que me estaba ahogando, que no podía respirar. Notaba como me apretaba, como me asfixiaba.
- ¿Y nadie te ayudaba?
- ¡Qué va! si es que cuando estaba cantando había un montón de gente, pero fue tragarme la canción y desaparecieron todos.
- ¿Cómo que desaparecieron?
- Pues que de repente ya no estaban.
- ¿Pero dónde se fueron?
- ¡Y yo que se!
- A lo mejor estaba ahí pero tú no los veías.
- Pero vamos a ver, ¡que no estaban! ¿me estás escuchando? que de repente ya no había nadie, nadie, estaba la habitación vacía, vacía, ¿entiendes? sin gente, solo yo y la canción atragantándoseme.
- Que sí, que sí, ya lo entiendo, tranquila no te sulfures.
- Si es que no me escuchas, no se para que te lo cuento.
- A ver, pues porque somos amigas, sabes que soy muy lenta en entender las cosas, pero que luego siempre intento ayudarte. A ver, ¿qué pasó después?
- ¡Qué me estaba ahogando!
- Sí, eso ya me lo has contado, me refiero a que pasó después de que se te atragantara la canción y de que desapareciera la gente.
- ¡Ah! pues se truncó la noche en áspera y feliz, en oscura y con destellos, yo creo que por las farolas...
- ¿Cómo? ¿Perdona? ¿Pero no te habías tragado una canción y te estabas ahogando?
- Si, claro, y me estaba ahogando, pero ahora era de noche.
- ¿Pero no estabas en una habitación?
- Sí, sí, pero de repente era de noche.
- Y en mitad de la calle porque si había farolas es que estás en mitad de la calle ¿no?
- Pues digo yo pero no se veía calle, a ver, que yo supongo que estaba en la calle por las farolas pero que en verdad yo no veía coches ni nada.
- ¿Pero como ibas a ver algo si te estabas ahogando? Porque te seguías ahogando ¿no
- Sí, me seguía ahogando... ¿o ya no me ahogaba?....
- ¿Cómo que ya no te ahogabas? Luego dices que la que se lía soy yo...
- Es que no me acuerdo de ese detalle...
- ¿Cómo que detalle? hombre, yo diría que ahogarte no es un detalle...
- ¿Sabes que te odio mucho no?
- ¿Sabes que eres una creída no?
- ¿Sabes que estas loca?
- ¡Mira tu quién fue hablar de loca!
- ¿Loca yo?
- Hombre, la verdad, soñar que te tragas una canción y que encima te ahogas con ella... muy normal no es desde luego.
- Claro, ahora me dirás que tu no tienes sueños raros, como aquella vez que te empeñaste en decir que habías soñado con que te hablaban las morcillas que mamá tenía colgadas en la cocina, ¡me dirás tú que es más raro!
- ¡Pero serás mala gente!

Y las dos hermanas tumbadas en el sofá siguieron compartiendo risas toda la tarde, hacía tiempo que las dos esperaban ese momento de confesiones, últimamente ninguna de las dos había tenido demasiado tiempo para nada, se merecían ese descanso. Se merecían una tarde para ellas, por eso y quizá solo por eso, porque la vida es un ir y venir de situaciones que se reflejan en los sueños, que hacen que todo lo real se vuelva superfluo a veces y todo se vuelva menos importante de lo que es. Por eso la felicidad envuelve cada amanecer cuando sabes que podrás compartir una guerra de almohadas al levantarte.

sábado, 22 de diciembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: No me gustan nada las cosas nuevas....

- No me gustan nada las cosas nuevas
- No soporto el ajo en las comidas
- No suelo escuchar el despertador por las mañanas
- Soy muy puntual
- Me gusta pasear sin un rumbo fijo
- No me gusta el café
- Prefiero escuchar a hablar
- Odio que me mientan
- Me encanta la música
- Escribir me relaja
- ¿Por qué seguimos hablando?
- Porque no te has decidido a besarme todavía

En ese momento se detuvo el mundo, sus cuerpos se acercaron casi sin quererlo, él la rodeó con sus brazos, sus miradas decían lo que sus corazones se habían dicho hacía ya tiempo, un tiempo que ninguno de los dos podría precisar, sus labios se buscaban pero ambos tenían miedo de no encontrar respuesta en los otros, la vergüenza se echó a un lado y sus labios se rozaron.
Aquel roce produjo mil sensaciones, mil momentos vividos resumidos en aquel contacto, en aquel segundo de tiempo que se detuvo ante ellos, deteniéndose mil segundos más tras ese primero. No hacían falta más palabras, no hacía falta más nada. Él y ella, mirándose a los ojos, no hacía falta hablar, todo estaba dicho. El amanecer nacía tras la ventana, algo nuevo nacía también entre ellos.

No es una historia, es más bien una reflexión, por eso no anunciaré su publicación
no lo merece

lunes, 17 de diciembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: 5 palabras....

El sonido del timbre despierta a Andrea de sus sueños. En verdad no estaba dormida pero odiaba las clases de lengua y literatura, le resultaban muy aburridas, tanto, que aunque intentara prestar el máximo de atención posible nunca conseguía seguir el hilo de las clases. Por eso solo esperaba que el timbre la rescatara de aquella horrible pesadilla que duraba una larga hora. Cuando esto sucedía una gran sonrisa se dibujaba en su rostro y era la primera en salir por la puerta de la clase a hacer cualquier otra cosa.

- Niños, recordad que para mañana tenéis que entregar la redacción que os mandé la semana pasada, el que no la entregue tendrá una nota negativa, así que no se os olvide.

¡La redacción! Se había olvidado por completo de ella, y ahora tenía una sola tarde para hacerla, y, si no la hacía su madre se iba a enfadar mucho. Se encontraba en un dilema, no quería enfadar a su madre pero tampoco quería hacer la redacción. Por mucho que hubiese sonado el timbre no había aparecido esa sonrisa tan característica que indicaba el hecho de que la clase había terminado, lo que reflejaba aquel rostro era enfado, preocupación y mala memoria mezclado con un poco de incertidumbre y con una pizca de ¿y ahora que hago?
Siguió recogiendo sus cosas. Cuando hubo terminado se dirigió a la salida dirección a casa. Vivía en una casa en el campo, alejada de la ciudad, su padre siempre había sido casalero y su madre una mujer de su casa, que la trataba con mucho cariño, por eso no podía defraudarla ahora.

- Buenas tardes Andrea, ¿qué tal todo por la escuela?
- Bien mamá...
- ¿Y esa cara que traes?
- Pues... la señorita de lengua nos ha pedido que hagamos una redacción para mañana.
- Vaya, ahora entiendo esa cara.
- ¿Me ayudas mamá?
- Bueno, si es lo que quieres lo intentaré pero tienes que empezar escribiendo algo para que pueda ayudarte.

La idea de que su madre la ayudara había conseguido que Andrea se sentara en la mesa delante de un folio y un lápiz con punta sacada para la ocasión. Su madre se hubiera dado por satisfecha solo con verla en esas condiciones pero paradójicamente la niña cogió el lápiz y empezó a escribir:

"Cuando se quiso dar cuenta, era otra vez otoño y las hojas secas llenaban el suelo del bosque. Una niña pizpireta y juguetona saltaba de hoja en hoja escuchando el crujir de estas bajo sus pies. En su cara se apreciaba una alegre sonrisa provocada en parte por la llegada del otoño y en parte porque esa tarde había terminado pronto sus deberes y pudo salir a dar una vuelta. Su risa podía oírse desde muy lejos en el bosque, otra cosa no, pero escandalosa era un rato. Tanto era el alboroto que estaba formando que se le apareció un duendecillo con cara de enfadado y le dijo:
- ¡Oye! ¿se puede saber por qué eres tan escandalosa?

La niña se quedó muy extrañada ya que apenas si distinguía al duendecillo de entre las hojas secas.

- ¿Quién eres tú, pequeño?
- ¡Son un duende que habita en el bosque y estoy muy molesto por tu risa porque como gritas tanto nos espantas la comida!
- Perdone señor duende, no lo sabía, lo hice sin querer, si quiere puedo ayudarle a buscarla y así podré enmendar mi error

El duendecillo la miró, pensó, reflexionó y tras un largo silencio asintió con la cabeza sin estar muy convencido. En cambio la niña se puso muy contenta y con una sonrisa empezó a levantar todas las hojas del suelo en busca de comida para el duende.

- Señor duende y ¿que es lo que tengo que buscar?
- Tienes que buscar la chisa más grande que hayas visto nunca.
- ¿La qué? - dijo la niña con cara de asombro
- Una chisa, ¿No sabes lo que es? Hay que ver que en el mundo de los humanos cada vez os enseñan menos cosas - dijo refunfuñando- Las chisas son las larvas de unos escarabajos.
- Ah! pero eso es muy asqueroso, ¿Por qué no coméis otras cosas?
- ¿Asqueroso? ¡Pero que dices! ¡Si son un manjar de dioses! y no me mires con esa cara de asco que desde que los duendecillos vivimos en este bosque nos hemos tenido que adaptar a comer todo tipo de cosas, sobre todo desde que ese Farde está aquí.
- ¿Farde? ¿Es otro duende?
- ¡Qué va! es el mayor monopolista del mundo de los duendes.
- ¿Los duendes también jugáis al Monopoli?

Por la cara que puso el duendecillo le quedó claro que en la ultima partida el tal Frade le había construido muchos hoteles lo que habría hecho que el pobre duende tuviera que pagar una gran cantidad de dinero, se habría quedado sin papeles para pagar y entonces habría perdido la partida, pobre duende, que mal perder tenía.
El duende por su parte puso cara de resignación, ¿como le explicaba a una niña humana que los duendes hacían cosas más serias que jugar al Monopoli?

- No niña, monopolista no signifique que juegue al Monopoli, sino que es una persona que ejerce un monopolio. A ver como te explico yo esto para que lo entiendas. Digamos que se cree el jefe de todos los duendes y nos obliga a seguir sus ordenes.
- ohhhh! eso esta muy mal - dijo levantando una ceja.
- Si niña, en eso tienes razón, mira tu por donde en eso tienes toda la razón del mundo.
- ¿Y por qué no le decís que se vaya, que no le queréis?
- Jajajajajajajajajaja!! no podemos hacer eso, las turbulencias presagiaban lo peor, y ha llegado, sino lo hacemos acabará con todos nosotros... solo podemos hacerlo si desvelamos el misterio de los símbolos que hay en la gran muralla que flanquea nuestro poblado, pero hasta hoy nadie lo ha conseguido - y la tristeza pareció adueñarse de aquel duendecillo tan pícaro con cara rechoncha.
- ¿Y por qué nadie las a desvelado todavía?
- Pues porque hace falta que sea una persona especializada en interpretarlos y que los conozca...."

- ¡Mamá!
- Dime Andrea.
- ¿Tiene algún nombre la profesión de descifrar los símbolos esos raros que los egipcios hacían en las paredes?
- ¿Las inscripciones? si cariño, la ciencia que las interpreta se llama epigrafía
- Gracias mamá

Y retomando su redacción....

"- ¿Y por qué nadie las a desvelado todavía?
- Pues porque hace falta que sea una persona especializada en epigrafía, para que reconozca e interprete esos símbolos.
- ¿Y eso es muy difícil de encontrar?
- Llevamos siglos buscando a la persona adecuada...."

- ¡¡Andrea a merendar!!
- ¡Voy mamá! tengo que terminar la redacción.
- Puedes dejarla para después de la merienda, te vendrá bien despejarte un poco, llevas toda la tarde escribiendo.
- Vale mamá.
- Por cierto Andrea ¿qué vamos a hacer con la bicicleta que alquilamos el otro día para ir a casa de la abuela?
- ¿La podemos realquilar?
- ¿Realquilar? ¿De donde has sacado esa palabra Andrea? ¿No habrás querido decir devolver a su dueño?
- ¿Y eso no es realquilar mamá?
- Jajajajajaja!! no hija mía eso no es realquilar, anda cuando termines el bocadillo y acabes tu redacción iremos a devolverlas ¿estás de acuerdo?
- ¡Claro mamá!




Dios lo que me ha costado.... mis 5 palabras son.... casalero, chisa, monopolista, epigrafía y realquilar (palabras comunes y normales usadas de toda la vida.... ¬¬)
pero un reestreno no podía ser de otra forma ;)

domingo, 18 de noviembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: El camino era tan estrecho que se hacía díficil caminar erguido sin caer...

El camino era tan estrecho que se hacía difícil caminar erguido sin caer. No tenía muy claro como había llegado hasta allí pero lo cierto es que allí estaba, en un túnel sin salida aparente, sin apenas rastro de claridad y con miedo de estar siguiendo una dirección equivocada. En su cabeza todavía había recuerdos lejanos del lugar de donde procedía, del lugar donde había nacido, donde había pasado su niñez. Todavía no se explica lo que pudo pasar aquella noche. Todos dormían, o por lo menos lo intentaban porque en los últimos días se notaba una agitación extraña en el ambiente. Todos sabían que algo iba a suceder pero nadie sabía a ciencia cierta ni qué ni cuando.

Fue aquella noche. Preso del nerviosismo colectivo había decidido acostarse pronto, aunque no pudo conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada. De repente una sacudida que hizo temblar todo el lugar. Todos se despertaron. El nerviosismo lo invadía todo, todos gritaban, los gritos se mezclaban unos con otros creando un murmullo que era imposible descifrar. El nerviosismo crecía por segundos, hasta que en un abrir y cerrar de ojos todos se vieron envueltos por un impulso que les hacía correr, correr despavoridos hacia cualquier lugar. Quizá fuera un efecto en estampida, alguien que empezara a correr y los demás le siguen sin motivo alguno, aún no sabiendo lo que pasaba. Así se vio inmerso en una carrera sin destino aparente, sin razón, compuesta en su mayor parte de miedo por no saber lo que estaba pasando.

Al principio iba rodeado de muchos más presos también por el pánico, pero poco a poco se había ido quedando cada vez más solo, ya sea porque los demás tomaban caminos diferentes o por el cansancio que ya empezaba a hacer mella en la velocidad de su carrera. La oscuridad era cada vez más acentuada, el frío húmedo de aquel lugar hacía estremecer su ya débil cuerpo. Todo pasaba a gran velocidad, si quería salir de aquel lugar debía pensar en algo y debía hacerlo rápido.

Cuando ya iba a tirar la toalla lo vio, medio escondido entre unas hierbas. Durante toda su vida había soñado con aquel momento y ahora no podía creerlo. Intentó en vano controlar el latido de su corazón y la frecuencia de su respiración. Allí estaba, ante él, casi podría atreverse a decir que estaba esperándolo. Se quedó en silencio durante un tiempo, minutos, horas quizá. Simplemente lo contemplaba admirando cada detalle. Lo rodeó. Sí, estaba totalmente seguro, era su destino. En aquel momento supo que debía hacerlo.

...........

- Sí señora, está usted embarazada, los análisis así lo demuestran, dentro de 8 meses, si todo va bien serán uno más en la familia.


sábado, 10 de noviembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: - ¿Qué haces?....

- ¿Qué haces?
- Ver porno ¿y tú?
- Pensaba en ti
- ¿En serio?
- No, y tú, ¿ves porno?
- No
- ¿Por qué seguimos mintiéndonos?
- No sé, ¿costumbre?
- ¿Quién se acostumbró a quién?
- No empieces.
- Has empezado tú.
- ¿Por qué siempre acabamos igual?
- No sé, ¿costumbre?
- No me plagies...
- Estoy cansada, me voy a dormir.
- Entonces ya hablamos mañana.
- Sí, hasta mañana.

Colgó el teléfono y lo dejó encima de su mesita de noche. Sentada en la cama se quedó mirándolo unos minutos, en silencio. En realidad no estaba cansada, pero era la rutina de cada noche. Una llamada, una mentira, una discusión y un hasta mañana. Cada noche igual, cada día la misma historia. Se levantó lo justo para apartar las sábanas de su cama. Deslizó sus pies hacia el fondo de la misma y se cubrió por completo con aquellas sábanas frías. Aún seguía pensando en él. Sabía que lo amaba, y que él, a su manera, también lo hacía. Pero él era así, con sus prontos, con sus palabras cortantes, con su forma de decir las cosas, con ese frío en su voz. Pero ella estaba segura de que la amaba, tanto como ella lo amaba a él. Cada noche se dormía con la esperanza de volver a sentirle cerca y se decía a si misma que él la amaba, solo que se lo demostraba a su manera.

A unos cuantos metros en otra habitación de la casa él cuelga el teléfono y lo tira con desprecio sobre una mesa. Enciende un cigarrillo y se mete en la cama a leer un libro. A ella ni siquiera la recuerda, ni siquiera recuerda que mañana sonará otra vez ese teléfono, ni siquiera recuerda haber hablado con ella. Cuando acaba su cigarro lo arroja a un cenicero. Apaga la luz y se duerme.

Ella aún piensa en él y en lo mucho que lo ama, en como él estará pensando en ella, en como al día siguiente iba a ser diferente, no se mentirían, no discutirían, todo volvería a ser como lo había sido en los primeros años de su matrimonio. Todo dulzura y todo amor. Un amor que ella seguía conservando intacto y que estaba segura de que él también. Soñaba poder volver a abrazarlo, soñaba con un susurro, con una mirada de cariño, con una sonrisa. Soñaba que volvía a ser feliz a su lado.

En mitad de la noche él se despierta, está enfadado, furioso, no soporta despertarse en mitad de la noche. Se levanta decidido. Abre la puerta, recorre un pasillo, abre otra puerta, grita, vocifera, da un golpe en la cama de aquella habitación. Sale dando un portazo, recorre el pasillo a la inversa, cerrando una vez más la puerta de la cual había salido solo un par de minutos antes. Vuelve a acostarse un poco más relajado y se duerme al instante.

Ella despierta en mitad de la noche debido a un fuerte golpe acompañado de unos gritos. No sabe muy bien que está pasando pero siente que ha hecho algo mal, él nunca haría algo así sin un motivo. Entre sollozos intenta volver al suave calor de su cama. Piensa en lo mucho que lo ama y en que él, a su manera también lo hace, solo debe tener paciencia, seguro que con el tiempo todo vuelve a ser como antes....

lunes, 29 de octubre de 2007

CuEnTaCuEnToS: ¿Por qué el mar es azul?...

-¿Por qué el mar es azul? - dijo mientras apoyaba su cuerpo en una barandilla del paseo marítimo. Tenía los ojos entrecerrados, como queriendo ver más allá de lo que sus ojos le permitían, intentando alcanzar el horizonte, esa línea que separa el mar del cielo. También podía ser a causa del viento que en ese momento se empeñaba en soplar, ese viento que daba de frente, que despejaba los pelos de la cara, ese viento que a veces amenazaba con pequeños remolinos en la acera que no duraban más que un par de segundos. A mi me apetecía más pensar que era la primera opción, que era su mirada de niño travieso la que le hacía entrecerrar los ojos para poder imaginar mil batallas libradas en ese mar azul, en mitad de una tormenta, donde los barcos de los piratas luchaban por hundir a cañonazos a su enemigo, por encontrar tesoros ocultos o por conquistar el corazón de su amada -Venga, tú eres bióloga, deberías saberlo - continuó mientras me guiñaba un ojo. La verdad es que la frase me hizo gracia por lo que no pude sino reírme y mirar al mar, ese mar azul que tenía delante. Para ser sinceros no era bióloga oficialmente, me faltaba un año para terminar, pero en aquel momento lo que menos me apetecía era corregir aquello sin importancia. Simplemente miraba el mar, ese mar inmenso donde se reflejaba el no menos intenso cielo, donde el sol brillaba con más fuerza tras cada ola, donde el viento que se empeñaba en despeinarme no podía más que acariciar aquel agua salada que se movía a su antojo. Cerré los ojos, me puse de puntillas y respiré todo lo hondo que pude. Mmmm, el olor a mar... cuantos recuerdos se agolpaban en mi cabeza. Toda una infancia al lado del mar, de la playa, miles de momentos ligados a un atardecer, a un amanecer, a un chapuzón, a una partida de cartas, a la arena o las piedras, a una carrera, a un 1X2... Tanto resumido en un simple olor a mar, un olor característico que hace que nuestros receptores olfativos estimulen a las neuronas que transforman esta información en una sensación placentera. Tras un gran suspiro volví a mirarle. Allí estaba, mirando al mar. Se giró, tomó mi mano y echó a andar. Yo seguí sus pasos aún sin hacerlo conscientemente. Seguimos nuestro paseo silencioso hasta que una nueva pregunta asomó a sus labios:
- Estas muy callada, ¿Te pasa algo?
- Sí - respondí con una sonrisa - Estoy feliz.
Sorprendida por mi propia respuesta sentí como sus brazos me rodeaban, como el tiempo se detenía por un instante, volví a mirar al mar, seguía azul y yo seguía enamorada.

domingo, 21 de octubre de 2007

CuEnTaCuEnToS... Número 100!!!!

“Señoras y señores en breves minutos aterrizaremos en el aeropuerto del Prat, la temperatura en el exterior es de 18 grados, el día esta soleado y se prevé que la temperatura máxima sea de 21 grados. Son las 7:45 de la mañana hora local. La tripulación les desea que tengan una buena estancia y espera volver a encontrarles en un vuelo de nuestra compañía”

Esas fueron las palabras que la sacaron del sueño en el que se encontraba. Después de hora y media de viaje despertaba en tierras catalanas, con más ilusión que esperanza, con un poco de hambre también pero dispuesta a comerse el mundo en un fin de semana. Una vez fuera del avión se dirigió a la zona de salida, sintió el aire fresco de la mañana preguntándose si 18 grados no serían demasiados para la temperatura que estaba sintiendo en su piel. Sabía que le quedaba un rato todavía para llegar a su destino por lo que se encaminó a coger el tren. Tenía una mochila y un trozo de papel en su mano con una dirección. Se dijo que no podía ser tan difícil llegar, alguien tenía que conocer aquella calle, preguntando se llega a Roma y ella iba a llegar a su destino le costase lo que le costase.

Una voz femenina le avisó que la siguiente parada sería la suya. En su interior sentía un poco de miedo por lo que podía descubrir al traspasar aquella puerta, al bajarse en aquel andén, al llegar a un sitio extraño sin avisar ni siquiera de su llegada. Al bajar del tren se perdió entre la multitud que abarrotaba las vías, se sintió como una hormiga en mitad de una estampida de búfalos, pero la verdad es que no le importó, sabía lo que quería e iba a conseguirlo. Volvió a desplegar el papel que llevaba en sus manos para asegurarse de que preguntaba por la dirección correcta.

Un metro, un autobús y cinco minutos andando después llegó a su destino. Un portón de metal con grabados en verde se levantaba ante ella. Sabía el piso y la letra pero era demasiado temprano para tocar al portero en una casa decente, por lo que pasó por su cabeza la idea de esperar a que la persona adecuada saliera de aquel portón. Si, era una locura pero ¿qué más daba una más? Sabía lo que quería y sabía que aquella puerta alguna vez se abriría y saldría él.

El tiempo se le hacía interminable, estaba nerviosa aunque sabía que cuanto más tiempo esperara más cerca estaría el momento de volver a verle. Sabía que cuando esa puerta se abriera le iban a temblar las piernas, perdería la conciencia del tiempo y una sonrisa tonta aparecería en su cara.

El tiempo trascurría con su acompasado ritmo hasta que aquella puerta se abrió. Si, se había abierto varias veces aquella mañana pero aquella vez fue la adecuada. Él la miró y se quedó mirándola. Ella lo miraba y esbozaba una sonrisa.

- - - Bon dia
-
Bon dia
-
¿Qué haces aquí?
-
Espero
-
¿Cuánto tiempo llevas esperando?
-
Un par de horas, no mucho más
-
¿A quién esperas?
-
A un crío
-
¿Un crío? – dijo frunciendo una ceja
-
Si – dijo sin apartar ni un milímetro sus ojos de los suyos
-
¿y cuando lo veas que le dirás?
-
Nada
-
¿Nada? – decía mientras avanzaba hacia ella
-
Él sabrá que decir
-
¿Él? – dijo irónicamente con una sonrisa que la hizo temblar aún más. Ella asintió con la cabeza - ¿Y si él no encuentra las palabras?
-
Estoy segura de que sabrá que decir

Él . Él estaba ya tan cerca que podía sentir su olor, su presencia, sentir como sonaba su corazón, sentir como le temblaban las piernas, como sus palabras se hacían cada vez más difíciles de pronunciar.


- ¿Por qué has venido?
- Porque necesito volver a verle
- ¿Qué tiene él que no tenga otra persona?
-
Un no sé qué
-
¿Cuánto tiempo hace que no le ves?
-
Mes y medio – esta respuesta hizo que él entrecerrara los ojos, pensaba la siguiente pregunta y a la vez no podía dejar de pensar que había pasado casi dos meses desde su despedida en aquel aeropuerto
-
¿mes y medio y quieres que él sepa lo que decir? – dijo con una sonrisa
-
Lo sabrá
-
¿Por qué estás tan segura?
-
Porque lo sé
-
¿Hasta cuándo vas a seguir esperando?
-
Hasta que baje
-
A lo mejor no baja
-
Bajará – dijo ella muy segura de sus palabras
-
¿y si no tiene nada que hacer fuera de su casa hoy?
-
Bajará
-
Bueno, supongamos que baja, quizá no te vea o tenga cosas que hacer y no pueda quedarse a hablar contigo
-
Él me verá y cuando lo haga sabrá lo que hacer
-
Vaya, veo que no se lo pones muy fácil

Ella no pudo aguantar la risa en ese momento y se puso a reír al tiempo que se sonrojaba ligeramente. Él rozó con su mano sus cálidas mejillas, aquellas mejillas sonrojadas que eran el marco de una sonrisa abierta y sincera.

- Bueno, entonces me voy, vaya que baje y lo que vea sea mi espalda y no la belleza de tus ojos.

Ella bajó la mirada para seguidamente levantarla y ver como él volvía a entrar en el portal del que minutos antes había salido. Una sonrisa asomó a sus labios ¿Qué tenía que la enganchaba tanto? Quizá fuese simplemente amor.



Dedicado, como no, al Jefe, al creador de cuentacuentos,

y es que en una fecha tan especial no me podía olvidar de él

porque gracias al Señor de las Historias la magia cobra vida cada lunes

hoy ya van 100 de esos lunes mágicos, esperemos que sean 100 mil lunes más

Gracias

lunes, 15 de octubre de 2007

CuEnTaCuEnToS: Las palabras no significan nada, no son importantes...

- Las palabras no significan nada, no son importantes, lo que marcan son tus actos y la coherencia de estos con tus palabras. No puedes estar diciéndome que me quieres y después liarte con otro a la primera de cambio, no, no puedes, porque entonces ese te quiero que sale de tus labios no es más que falsedad, engaño, no hay nada que lo respalde, es un sentimiento que en tus labios tan solo se vuelve palabra, una palabra cualquiera, una palabra, simplemente. ¿Pero es que no te das cuenta? ¿No te das cuenta de todo el daño que me estas haciendo? ¿No te das cuenta? No ves que cuando me dices que me quieres mi mundo se vuelve mágico, se llena de vida, se llena de felicidad, es una sensación que no puede describirse con palabras, tan pura como el amanecer, un amanecer que tiñe mi vida con matices de esperanza y de fuerza para seguir adelante un día más, pero cuando descubro que ese te quiero es solo un velo que oscurece la realidad, entonces las nubes tapan el sol, el amanecer se vuelve noche y los únicos colores que quedan en mi realidad son el de la rabia y el de la tristeza, colores que me embargan hasta el último latido de mi corazón, ese que un día latió por y para ti, ese que manejabas a tu antojo, ese que ahora muere de dolor, de dolor por ti. No dices nada. ¿Acaso no sientes? ¿Tan fácil es para ti todo esto? Mírame a los ojos y dime la verdad, por una vez en tu vida, no me mientas, mírame y dime lo que sientes al mirarme, lo que sientes cuando te cojo de la mano, lo que sientes cuando rozo tus labios, lo que sientes cuando te digo que te quiero, cuando te digo que por una mirada tuya me muero, lo que sientes ahora que estas escuchando esto. Pero no me digas te quiero cuando de verdad no lo sientes, no me digas te quiero cuando se lo estas diciendo a otro, no me digas que me quieres cuando tus besos ya no me lo dicen, cuando tus manos ya no buscan las mías, cuando tus ojos miran al cielo buscando una explicación que no llega, buscando un camino por el que huir, buscando una excusa a la que aferrarte, no me digas créeme porque ya no te creo.

-...

- No, espera, mejor no digas nada. No quiero que cada palabra que digas se clave en mi corazón como una mentira más, bastante tiene ya con intentar seguir latiendo sin ti.




viernes, 28 de septiembre de 2007

CuEnTaCuEnToS... repesca...

Hoy rescato un relato que escribí hace tiempo, pero que nunca llegué a publicar... hoy lo encontré y quise compartirlo, será por necesidad... hasta me pareció bonito y todo... Buen fin de semana para tod@s, muak!


Siempre soñé con convertirme en algo importante. Algo que la gente siempre llevara con sigo. Algo que recordara momentos especiales. Algo que hiciese feliz a la gente con solo nombrarlo.

Primero soñé con convertirme en un papel, la gente se alegraba mucho cuando encontraba un papel que llevaba buscando mucho tiempo. Sería siempre útil para apuntar una dirección, un número de teléfono, el nombre de aquel restaurante, todo el mundo me llevaría en el bolsillo, en el monedero. Pero pronto me di cuenta de que muchas veces los papeles no transmitían felicidad, me di cuenta de que los papeles se usaban también para cosas malas como amenazar, insultar, y entonces ya no quise ser más un papel.

Después me imaginaba siendo una flor, ¡oh! Que bonito, una flor que todo el mundo admirase, bonita y elegante, con un toque mágico. De colores vivos, rojo, morado, amarillo… sería el mejor regalo para todos, adornaría los salones de las casas, todo el mundo se pondría contento con solo mirarme u olerme. Los novios el dia de su boda me llevarían en la solapa y las novias en el ramo, sería parte de la felicidad de los demás. Pero también me di cuenta que las flores se dejan morir en los floreros, nadie se acuerda de ellas después de unos días, nadie les cambia el agua, y cuando se están poniendo marchitas, la gente las tira con desprecio, no piensan en los sentimientos de las flores, solo en que ya no son lo suficientemente bonitas.

Por eso pensé que mejor convertirme en un bolígrafo, para que todo el mundo pudiera usarme para escribir lo que sentían. Todo el mundo me llevaría consigo, sería un objeto importantísimo, quizá incluso llegara a formar parte de un momento histórico ya que gracias a mi se firmarían tratados y leyes importantes, o pudiera caen en manos de un gran conocedor de las palabras y así llevar su obra por todo el mundo para que todos pudieran conocerla y admirarla. Pero también podía servir para firmar documentos horribles que podrían decidir la vida de un hombre, y lo pero de todo es que cuando se agotara mi sangre de tanto usarla me tirarían a la basura o me romperían la cara intentando que saliera hasta la última gota de mi. No, yo no quería terminar así.

Soñé con convertirme en palabra, todo el mundo usa las palabras constantemente, así podría transmitir noticias, eventos, momentos felices de la vida, amenizaría las veladas entre amigos, inventaría historias maravillosas sobre hadas y príncipes, era perfecto. Pero para mi pesar descubrí que las palabras pueden también hacer mucho daño, no solo las que se dicen sino también las que se callan, quizás estas últimas sean las que más daño hagan. Las palabras también pueden provocar discusiones y entonces las personas dejan de hablar, o dejan de verse y la palabra muere, no yo no quiero ser palabra.

Seguí soñando en cosas importantes y entonces descubrí lo que realmente es importante para todos, algo que todo el mundo busca a lo largo de su vida, algo que hace llorar de alegría, aunque también hace llorar de dolor, algo que todo el mundo lleva consigo aunque sin saberlo, que no ocupa lugar, que no pesa, que nadie tira a la basura, que tal vez vaya acompañado de la flor mas bonita del mundo, o del papel mejor escrito, algo que no puede definirse con palabras y a su vez sea la palabra mas hermosa, algo que si quisiéramos escribir sobre él necesitaríamos todos los bolígrafos del mundo, el amor.

lunes, 24 de septiembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: Incluso el que menos te lo esperas puede ser...

Incluso el que menos te lo esperas puede ser un enemigo de Popi. Por lo tanto para aquellos que están aún pensando a quién dedicar su voto les voy a hacer una pequeña introducción de cada uno de los participantes más aventajados, para que vean con sus propios ojos la ventaja que les lleva a todos y cada uno de ellos el magnifico Popi.

El primero al que vamos a describir es el creador del tema, Mundoyas.



Pues ahí le tenéis, sobre estas lineas, ¿qué decir de él? vosotros mismos lo estaréis viendo..... ojeroso, mala cara y encima pincha, porque esa barba... y ¿os habéis fijado en las entradas que tiene?.... chicas yo me lo pensaba mucho antes de emitir un voto a favor de él, además, ¿alguien sabe donde pasa las noches de los sábados? C/madrazo nº 49 (L4 Fontana) en Barcelona. A saber con que compañías se juntará este muchacho y qué harán en las Sesiones Quilombo.... vamos poco recomendable....

Otro de nuestros candidatos es Brian.


El adorable y cariñoso Brian... a primera vista parece un bohemio, un soñador, un hombre con aires de muchacho bonachón y tímido, que con solo una tierna mirada es capaz de derretir el corazón más helado... pero no nos engañemos... en el fondo es un seguidos de Stephen King... sangre y muerte es lo único que pasa por su cabeza y así lo demuestra cada semana en sus relatos, miradlo, pobre patata... en su retorcida mente seguro que esta pensando como hacerla sufrir, como hacer que su existencia se convierta en una horrible pesadilla... miradla, la pobre, sangrando y él tan risueño como siempre.... pensároslo dos veces antes de votarle... nunca se sabe lo que su mente estará pensando haceros mientras dormís....

El siguiente en la lista de candidatos es Hell.


Creo que la imagen habla por si sola ¿No? muchas chicas decís de él que es un hombre irresistible... pero.... ¿Irresistible para quien? ¿para la cerveza? ¿a que le van las rubias? si es que no te puedes fiar de él porque no tiene ni un pelo de tonto, y vaya patillas... y si os fijáis bien justo al lado suyo esta su otro vicio, el tabaco, ¿de verdad creéis que tendrá ojos para vosotras con sus mayores vicios?

El siguiente es Aarón.


No se por donde empezar con este personajillo... mmm de la foto se deduce que es un vago, si, apachingao en el sofá todo el día, con esa cara de asco... es del madrid, desafina tocando la guitarra, ronca, es malísimo asustando a la gente, cuenta chistes malísimos, no soporta el tabasco, adora a su coche, yo no sé que le seguís viendo.... a no ser que sea por inventos como la morcilla cervezera... pero la verdad es que no es muy útil el invento que digamos... ¿Y a pesar de todo seguís votándole? Yo me lo pensaría dos veces... encima se hace llamar principito.... ¿vosotras creéis que un príncipe puede tener esa cara? ¿Definitely sexy? definitivamente asexuado....

Y por último pero no por ello menos importante POPI.

Bueno, lo primero que hay que decir de este galán salta a la vista, ese morenazo con el pelo rizado y esos ojazos que deslumbrarían a cualquiera... ese perfil tan romántico, esa forma tan sensual de sus labios... con ese aire tan característico, que da plena confianza desde el primer momento en que lo ves... ¿No me diréis que no está bueno e?? Así que yo no me lo pensaba y le daba un voto al catalán más sabrosón de todo Cuentacuentos así que...

Coger churros, magdalenas, galletas, pan o lo que pilleis (los dedos sirven) ...y a mojar...porque llega Popi!


PD: no es mi intención sembrar polémica ni que ninguno de los aquí presentes se sienta ofendido por algún motivo o circunstancia, por lo tanto toda critica será recibida y aceptada y se procederá a la retirada de cualquier cosa si el interesado lo solicita, sin más dilación, emitan sus votos ;)

PD2: eslogan by Klover, fan número 2 de Popi :)

jueves, 13 de septiembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro...

Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro. Siempre he sido un poco rara la verdad, tan rara que de pequeña apenas tenía amigos. La verdad es que no me extraña, cuando eres pequeño no entiendes muchas cosas, y la verdad es que los demás tampoco entendían que yo fuera extranjera y que no tuviera padre. A veces yo tampoco lo entendía, para que negarlo, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta que para padres como ese mejor no tener. Y bueno, el tiempo fue pasando, yo fui creciendo aunque la verdad tengo que reconocer que más de una vez me he negado a ello, con lo bien que se está siendo pequeño... pero a veces también tiene sus desventajas, si, no puedes beber... no puedes salir por la noche... no puedes viajar solo... aunque claro, yo en ese aspecto también soy algo rara ya que desde siempre he estado muy vigilada por mi madre ¿dónde? ¿con quién? ¿por qué? ¿hasta cuando? un cuestionario que debía rellenar aunque solo fuese a tirar la basura para lo cual tenía que salir de la puerta, coger el ascensor, darle al cero, recorrer la entrada, abrir la puerta, dar dos pasos, abrir la tapa del cubo y hacer el camino inverso.

Pero bueno, el tiempo fue pasando y mis rarezas aumentando. En el colegio, en el instituto, iba creciendo y me iba dando cuenta de que vivía en un mundo aparte, que las cosas que yo consideraba correctas no lo eran para la mayoría de las personas, que mis gustos, mis opiniones no las encontraba reflejadas en los demás, estaba sola, como la mayor parte de mi vida, viéndome obligada a tomar mis propias decisiones sin saber si estas serían las adecuadas, intentando no dañar a nadie aunque yo saliese herida. Siempre me ha dado igual eso del que dirán, yo iba a mi bola, a ratos, y a otros ratos simplemente me dejaba llevar.

La vida pasaba ante mis ojos y yo era una simple espectadora, llegó el momento de elegir carrera, y por rara elegí en la cola para entregar la solicitud, quizá impulsada por un nosequé que me dijo, hazlo, por una vez pon lo que quieres poner y no pienses en el futuro, hazlo hoy y arrepiéntete mañana, pero hazlo. Y así fue como acabé haciendo biología, una carrera sin futuro, pero que me gusta.

Mil decisiones importantes siguieron a aquella primera que no tomé yo, la primera decisión de mi vida, nacer. La verdad es que creo que por vaga hubiese dicho que no, pero me hubiera perdido todas las cosas buenas y raras que hay en este mundo, tantas que sería imposible nombrarlas a todas, tantas que sería imposible no olvidar alguna. La segunda tampoco la tomé yo, ¿con papá o con mamá? ellos eligieron por mi, ahora veo las cosas distintas... desde el otro lado... sin vendas, sin tapujos, sin porqués. También me alegro de que aquella decisión fuera la acertada, porque quien sabe como hubiera acabado todo si me llego a quedar en Italia, con mi padre, mejor no pensarlo mucho, sería igual de rara, igual de todo.

En esta larga y difícil carrera de obstáculos que a cada uno le toca vivir, me estoy dando cuenta que lo raro te hace diferente, pero a la vez te hace ÚNICO.
Sí, soy única, con mis cosas buenas y malas, y sí, quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro. ¿Pido demasiado?




Dedicado a todas las personas únicas, porque sí, porque se lo merecen.

domingo, 9 de septiembre de 2007

CuEnTaCuEnToS: Se mordió los labios hasta que le sangraron los silencios...

Se mordió los labios hasta que le sangraron los silencios. Intentó no pensar, no recordar. Demasiado tarde. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo. Todo era tan rápido y repentino que no podía asimilarlo todo de golpe. Quería decir tantas cosas que se le amontonaban en la garganta y no se dejaban salir unas a otras.

Allí estaba, en medio de tanta gente y a la vez sintiéndose tan sola. Ni siquiera se molestaba en apartarse las lágrimas de los ojos para conseguir distinguir algo entre la multitud. Siluetas, ruido, mar, corazón, distancia. Solo dos caminos, una escalera ascendente por la que se marchaba el único hilo de vida que le quedaba, un pasillo hacia la derecha con una puerta hacia el adiós. Allí estaba ella, un paso más un latido menos, un suspiro ahogado en su pecho, una lágrima recorriendo su mejilla, gente, mucha gente, miradas que atraviesan, ruido, movimiento, sueños. Una nota entre sus manos, un trozo de papel, un trozo de su vida. Lo aprieta contra su pecho y se derrumba. Las piernas no le responden, cae lentamente, como a cámara lenta, sin intención de levantarse nunca más. Mira a su reloj y suspira, se limpia las lagrimas con el puño, alza la cara en mitad de la nada.


Cerré el libro, bajé los párpados, suspiré y pensé "Todo el mundo va a su bola, menos yo que voy a la mía."

jueves, 9 de agosto de 2007

CuEnTaCuEnToS: Nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado...

Nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado. Una sonrisa asoma a su rostro al ver que aquello no había sido un sueño, uno de esos sueños que parecen vividos realmente, uno de esos que puedes llegar a tocar las cosas, a olerlas e incluso puedes llegar a saborear helados de melocotón. Esta vez no había sido así. Allí estaba, ante sus ojos, podía tocarlo, sentirle cerca. Todavía no se había acostumbrado a su compañía.

La tarde anterior había salido a dar un paseo, como cada tarde. Se había puesto ropa cómoda, unos vaqueros y una blusa, cogió las llaves y se fue. Le gustaba pasear tranquilamente, sin ruidos de civilización, sin prisas. Su trabajo ya era lo bastante estresante como para querer más. Se sentaba en un banco y leía un libro, o veía a los niños jugando en el césped, o simplemente miraba al cielo. Estaba en una de esas cuando de repente lo vio aparecer a lo lejos. Su forma de andar era decidida, como si ya hubiese tomado una decisión. Sus ojos se mantenían fijos uno en el otro. Se acercaba decidido, sin prisa. Cuando llegó al banco, se quedó un momento de pie, observando cada detalle. Poco después sin mediar palabra se sentó a su lado. Todo había pasado muy deprisa, pero ambos sabían que conectaban a la perfección.

- ¡Buenos días campeón!
- ¡Guau, guau!
- Ja, ja, ja ¿tienes hambre no? Bueno, ya voy, ahora me levanto, a ver que hay en la nevera, seguro que te gusta. Verás cuando llegue mi novia esta tarde, seguro que le gustas y que te gusta, ya verás cuando se lo cuente, no me va a creer, pero tú me vas a ayudar a que me crea ¿no?
- ¡Guau, guau!

domingo, 24 de junio de 2007

CuEnTaCuEnToS: Imaginaba que era un pirata cuando jugaba con su espada de madera...

Segunda parte: viene de La habitación del deseo...


Imaginaba que era un pirata cuando jugaba con su espada de madera. Siempre tan elegante, tan erguida. Se enfurecía si por casualidad alguna rama agitada por el viento se osaba a retarla en duelo. Siempre fue una niña de mucho carácter. Quizá por eso no se relacionaba demasiado con los demás niños, era algo solitaria.
Mi relación con su madre tan solo era esporádica. No nos soportábamos, para que negarlo, pero siempre sabía donde buscarme, y me encontraba, vaya que si lo hacía. Ella era hermosa, tan hermosa como los amaneceres, como los arco iris, como las flores recién abiertas. Y así era, como una flor abierta no hacía mucho, que para divertirse solo le hacían falta una botella y compañía masculina. Pasado el tiempo se casó, pero no conmigo, no nos soportábamos aunque no por ello dejamos de vernos. Sabía donde encontrarme y me encontraba. Su marido era un santo. Lo aguantaba todo, aunque no era tonto y sabía demasiado. Una noche tras una discusión vino a buscarme. La desnudé lentamente, sus ojos me pedían a gritos que lo hiciera. Sus manos rozaban deseosas mi cuerpo, sus labios ardían sobre los míos. El roce de nuestros cuerpos desnudos era pura pasión desbocada.
Nueve meses después nació ella. Tan dulce y delicada que parecía de porcelana. Su marido estaba muy feliz pero no era tonto, sabía demasiado. Yo no era tan responsable como para hacerme cargo de una niña, tampoco quería era un estorbo. Y así fue en la relación con su madre. Nos fuimos distanciando, apenas me buscaba y yo fui tomando caminos diferentes. Paseaba de vez en cuando cerca de su casa o en el parque donde solía jugar para verla crecer. Le encantaba recoger panaderos y después soplarlos y ver como sus semillas volaban por el aire.

- Mamá, mamá, mira tengo otro.
- Pide un deseo y sopla.
- ¿Solo uno? ¿Por que solo uno? Yo quiero muchos.
- Solo puedes pedir uno vida mía, si no no se cumplirá ninguno.
- Pues yo de mayor quiero poder pedir muchos deseos, construiré una habitación donde poder entrar cada vez que desee algo, así podré pedir más de un deseo a la vez.

Decidí desaparecer de su vida, bueno, la verdad es que nunca formé parte de ella, y tomar caminos diferentes. Monté mi propia taberna, donde podía sacarme unos cuantos billetes para sobrevivir. Pasado el tiempo me enteré que su madre había enfermado repentinamente. Desconozco realmente lo que pasó con su marido. Las malas lenguas dicen que murió envenenado por su hija pero nunca lo he sabido a ciencia cierta. No volví a tener noticias hasta que un día los borrachos que frecuentaban mi taberna hablaban de una Habitación del deseo. Inconscientemente me recordó a las tardes en el parque soplando panaderos y pidiendo deseos. Por esta razón decidí comprobar por mi mismo si se trataba de quien yo creía.
Y así era, no cabía ninguna duda, era toda una mujer, había cambiado mucho desde que la vi por ultima vez pero era ella.La situación me sobrepasaba, allí estaba ella delante de mis ojos. Me temblaban las piernas solo de mirarla, y si, era mi hija. Sus ojos no reflejaban ningún sentimiento, seguían siendo tan opacos como los había visto antes, sin vida, sin ilusiones, sin deseos.

- Váyase, esta acabando con mi paciencia
- Por favor, un momento, créeme...
- No va a conseguir nada gratis si es lo que espera.
- No... yo...
- He escuchado esa historia miles de veces, todos tenían la misma historia, pero creame ninguno consiguió nada.

Ya había avanzado hasta la puerta, su espalda. Hasta entonces no la había visto. Recta como un árbol, pero de curvas suaves en su final. Su forma de andar hacía que se estremeciera cada músculo de mi cuerpo. Parecía como si flotara por encima de los tablones de madera que recubrían el suelo. En la pared de la habitación se veía reflejada la silueta que dibujaba su cuerpo a través de la luz de la luna que entraba por la ventana. Esa figura esbelta y frágil que reptaba por la pared a medida que avanzaban sus pasos. Siluetas deformadas que hacían que mis deseos hacia ella aumentaran aún más.Se giró y me miró fijamente. Sus pupilas penetraron en las mías arrasando con la poca cordura que me quedaba.

- Espera, no abras - dije casi sin respiración - solo estaba bromeando, tengo dinero...
- Quiero verlo.

Mi mente pensaba todo lo rápido que la situación me permitía. Tendría que convencerla de que tenía un dinero que no poseía. Su mirada impasible me martirizaba, notaba el sudor recorriendo mi frente. Desplacé mi mano hacia el bolsillo del pantalón para sacar la cartera. La había rellenado con papeles por lo que pudiera pasar, sabía que ella era lista pero tenía que intentarlo. Se la mostré y noté que su rostro palideció de repente, su mirada se inquietó por un momento, sus ojos brillaron tímidamente. Una sonrisa asomó disimuladamente a mis labios.