“Señoras y señores en breves minutos aterrizaremos en el aeropuerto del Prat, la temperatura en el exterior es de 18 grados, el día esta soleado y se prevé que la temperatura máxima sea de 21 grados. Son las 7:45 de la mañana hora local. La tripulación les desea que tengan una buena estancia y espera volver a encontrarles en un vuelo de nuestra compañía”
Esas fueron las palabras que la sacaron del sueño en el que se encontraba. Después de hora y media de viaje despertaba en tierras catalanas, con más ilusión que esperanza, con un poco de hambre también pero dispuesta a comerse el mundo en un fin de semana. Una vez fuera del avión se dirigió a la zona de salida, sintió el aire fresco de la mañana preguntándose si 18 grados no serían demasiados para la temperatura que estaba sintiendo en su piel. Sabía que le quedaba un rato todavía para llegar a su destino por lo que se encaminó a coger el tren. Tenía una mochila y un trozo de papel en su mano con una dirección. Se dijo que no podía ser tan difícil llegar, alguien tenía que conocer aquella calle, preguntando se llega a Roma y ella iba a llegar a su destino le costase lo que le costase.
Una voz femenina le avisó que la siguiente parada sería la suya. En su interior sentía un poco de miedo por lo que podía descubrir al traspasar aquella puerta, al bajarse en aquel andén, al llegar a un sitio extraño sin avisar ni siquiera de su llegada. Al bajar del tren se perdió entre la multitud que abarrotaba las vías, se sintió como una hormiga en mitad de una estampida de búfalos, pero la verdad es que no le importó, sabía lo que quería e iba a conseguirlo. Volvió a desplegar el papel que llevaba en sus manos para asegurarse de que preguntaba por la dirección correcta.
Un metro, un autobús y cinco minutos andando después llegó a su destino. Un portón de metal con grabados en verde se levantaba ante ella. Sabía el piso y la letra pero era demasiado temprano para tocar al portero en una casa decente, por lo que pasó por su cabeza la idea de esperar a que la persona adecuada saliera de aquel portón. Si, era una locura pero ¿qué más daba una más? Sabía lo que quería y sabía que aquella puerta alguna vez se abriría y saldría él.
El tiempo se le hacía interminable, estaba nerviosa aunque sabía que cuanto más tiempo esperara más cerca estaría el momento de volver a verle. Sabía que cuando esa puerta se abriera le iban a temblar las piernas, perdería la conciencia del tiempo y una sonrisa tonta aparecería en su cara.
El tiempo trascurría con su acompasado ritmo hasta que aquella puerta se abrió. Si, se había abierto varias veces aquella mañana pero aquella vez fue la adecuada. Él la miró y se quedó mirándola. Ella lo miraba y esbozaba una sonrisa.
- - - Bon dia
- Bon dia
- ¿Qué haces aquí?
- Espero
- ¿Cuánto tiempo llevas esperando?
- Un par de horas, no mucho más
- ¿A quién esperas?
- A un crío
- ¿Un crío? – dijo frunciendo una ceja
- Si – dijo sin apartar ni un milímetro sus ojos de los suyos
- ¿y cuando lo veas que le dirás?
- Nada
- ¿Nada? – decía mientras avanzaba hacia ella
- Él sabrá que decir
- ¿Él? – dijo irónicamente con una sonrisa que la hizo temblar aún más. Ella asintió con la cabeza - ¿Y si él no encuentra las palabras?
- Estoy segura de que sabrá que decir
Él . Él estaba ya tan cerca que podía sentir su olor, su presencia, sentir como sonaba su corazón, sentir como le temblaban las piernas, como sus palabras se hacían cada vez más difíciles de pronunciar.
- ¿Por qué has venido?
- Porque necesito volver a verle
- ¿Qué tiene él que no tenga otra persona?
- Un no sé qué
- ¿Cuánto tiempo hace que no le ves?
- Mes y medio – esta respuesta hizo que él entrecerrara los ojos, pensaba la siguiente pregunta y a la vez no podía dejar de pensar que había pasado casi dos meses desde su despedida en aquel aeropuerto
- ¿mes y medio y quieres que él sepa lo que decir? – dijo con una sonrisa
- Lo sabrá
- ¿Por qué estás tan segura?
- Porque lo sé
- ¿Hasta cuándo vas a seguir esperando?
- Hasta que baje
- A lo mejor no baja
- Bajará – dijo ella muy segura de sus palabras
- ¿y si no tiene nada que hacer fuera de su casa hoy?
- Bajará
- Bueno, supongamos que baja, quizá no te vea o tenga cosas que hacer y no pueda quedarse a hablar contigo
- Él me verá y cuando lo haga sabrá lo que hacer
- Vaya, veo que no se lo pones muy fácil
Ella no pudo aguantar la risa en ese momento y se puso a reír al tiempo que se sonrojaba ligeramente. Él rozó con su mano sus cálidas mejillas, aquellas mejillas sonrojadas que eran el marco de una sonrisa abierta y sincera.
- Bueno, entonces me voy, vaya que baje y lo que vea sea mi espalda y no la belleza de tus ojos.
Ella bajó la mirada para seguidamente levantarla y ver como él volvía a entrar en el portal del que minutos antes había salido. Una sonrisa asomó a sus labios ¿Qué tenía que la enganchaba tanto? Quizá fuese simplemente amor.
Dedicado, como no, al Jefe, al creador de cuentacuentos,
y es que en una fecha tan especial no me podía olvidar de él
porque gracias al Señor de las Historias la magia cobra vida cada lunes
hoy ya van 100 de esos lunes mágicos, esperemos que sean 100 mil lunes más
Gracias